CAMBIAR MÁS QUE LA LEY

Desde lo Regional

Siempre es un gusto estar con Leticia Bonifaz porque siempre se aprende de ella. En ocasión del Día Internacional de la Mujer hubo nuevamente esa oportunidad, ahora por las circunstancia, de manera virtual. Hay además otra situación diferente para celebrar: estamos con una mexicana de reconocida categoría intelectual, personal y de compromiso, recién integrada a un organismo internacional de enorme importancia para las mujeres, el Comité para la Eliminación de la Discriminación Contra la Mujer, CEDAW, donde seguramente mantendrá sus luchas por ellas.

De lo dicho por la doctora Bonifaz me queda muy claro algo que poco se ve no obstante ser fundamental: el foco de las batallas feministas sigue centrado y parece estacionado en el tema legislativo: reformemos la ley aumentemos penalidades, insistamos en la legalización de la interrupción del embarazo, establezcamos paridad en algunas áreas de la administración de la justicia.

De ser así, esa lucha se está quedando corta porque esto es lo menos complicado de resolver, aunque no siempre pues tampoco siempre se logra convencer a todas las fracciones parlamentarias por ejemplo para que voten a favor.  Hidalgo es un caso nítido  de lo que no se ha podido avanzar en esta materia. Pero digo que se percibe un tema focalizado en ese espacio que por tanto se aleja de las políticas públicas, que es justamente lo que la doctora Bonifaz señaló.

Eso es más complicado porque en el caso de Hidalgo, y me centro en ello, desde luego hay que tener una política pública estatal, y ochenta y cuatro municipales, tan diferenciadas como nuestras regiones: no son lo mismo las aplicables en un municipio con zonas mayormente urbanas que las diseñadas para otro con zonas mayormente rurales, como tampoco es igual lo rural en la sierra que lo rural en la Huasteca o en el Valle del Mezquital.

De eso no nos estamos ocupando: quedó al margen el motor que mueve las correas de la transformación desde la sociedad organizada, en los colectivos, parte muy importante y la Doctora lo señaló. Sí desde luego hay que modificar y actualizar el tema legal, pero incluso ahí también está muy focalizado.

Escuchamos la referencia al antecedente, en 1975, del Año Internacional de la Mujer, celebrado en México y por el que hubo una revisión del corpus jurídico nacional. Cabe preguntar hoy si no conviene que los congresos locales  revisen los corpus jurídicos de sus entidades. Seguramente encontrarían muchas y variadas agresiones y discriminaciones, faltas de oportunidad u omisiones, el calificativo es lo menos importante, en contra de las mujeres. Es algo que no tenemos visto. La visión se ha cerrado a la parte penal. Pero están la parte civil,  la parte laboral,  la parte familiar. Además la distribución presupuestal que obligue a los municipios a destinar recursos en la trazabilidad de sus planes y de sus políticas públicas para que se hagan cargo de todos los temas como seguridad, convivencia,  guarderías,  hospitales, educación y de una extensa lista de necesidades a cubrir.

Eso está un tanto relegado, se pierde hasta mediáticamente frente a discusiones  por vallas en los edificios, protección de monumentos, de competencia y disputa por actividades conmemorativas. Mientras, no hay compromisos serios, el fondo del problema no se atiende, está omitido frente a lo mediático.

Después de las pintas y las protestas pacíficas, las felicitaciones o las descalificaciones desde el poder, la situación va a seguir igual. Eso es lo que debiéramos asumir con otro impulso y compromisos institucionales. Hay que decirlo sin reservas, decisiones inteligentes y firmes para cambiar una cultura, lo cual no es nada sencillo porque no solo es inversión, ni tampoco es únicamente planeación. Eso: un cambio cultural, generacional en todas y todos.

Percibí en el mensaje de Leticia Bonifaz el llamado a resolver  todo aquello  que no está en la ley o que no va de la mano con la ley. El derecho iguala, las condiciones propician desigualdad, dijo. No perdamos de vista que la ley es la emisión de un decreto. Le debe acompañar una secuencia de acciones organizadas, articuladas que provoquen ese cambio social, de otra forma nos quedamos con la ley en el papel. Eso vale, pero de poco sirve.