David José, pintor, maestro en el diseño y el humor fino

Testimonio de quien fue un gran ilustrador

David José Espinosa Trejo, de excepcionales cualidades como pintor, diseñador y cartonista, falleció el pasado diciembre. Pachuqueño. Tenía 63 años, aunque por su permanente jovialidad representaba menos.

Su obra fue conocida, y reconocida, tras su incursión en diversos medios impresos cuando menos en tres décadas, desde finales de los años setenta.

Esta semblanza de David José, como se le identificaba, es fruto de una larga plática en una noche de junio del 2020.

Cuando nos despedimos, recuerdo sus palabras:

-Tengo un proyecto personal; qué le parece si cuando lo concluya, se publica lo de nuestra charla.

Sellamos el compromiso con un sentido apretón de manos.

No lo volví a ver hasta que supe de su inesperado deceso.

Su hija, Violeta Espinosa, lo informó.

A ella la conocí desde que nació. Fue mi ahijada. Cuando le preguntaba de su paradero, me decía: “Está en Los Ángeles, California”. No agregaba más.

Sus aptitudes artísticas se perfilaron desde muy joven, las que enriqueció con el apoyo de maestros de la plástica nacional. Aceptó que este fue un primer paso valioso en su vida.

Proyecto sin respuesta

De la mano, formalizó un programa de ayuda a los demás. Lo entregó a instancias federales sin tener respuesta.

– Entonces, solo silencio. Hoy lo he retomado -afirma, detallándolo-.

Explica el origen de su “compromiso que no pone paz en mis sentimientos hasta concretarlo”

-Alguna vez estaba en la Central de Autobuses de Pachuca, un tanto desolada. Iba a salir. En la espera, coincidí con un hombre maduro, de amables modales. Charlamos y de pronto me preguntó: “Y tú ¿Qué haces en favor de tus semejantes? No es solo pensar en uno”. Me sorprendió; farfullé algunas palabras. Él se levantó, sonriente me tendió la mano y todavía agregó, ya camino a abordar su transporte: “Piensa en lo que te pregunté”.

-Nunca más supe de él. Esa misma tarde medité en sus palabras. Eso me llevó a una conclusión: tenía que hacer algo, aunque de inmediato no sabía cómo. Y empecé a perfilar formas, muy a capela. Dicen que en la existencia de uno, lo único inflexible es ser flexible.

De sus primeros estudios, cuenta:

-Asistí a la primaria Belisario Domínguez, continué en una telesecundaria, para seguir preparatoria en la José Ibarra Olivares.

Del bachillerato hace breves apuntes de algunos maestros: Juan Manuel Menes Llaguno, Luis Corrales, Raúl Guerrero, Yolanda Islas de Pfeiffer.

-No terminé prepa; o comía o estudiaba. Ingresé al Centro Regional de Educación Normal Benito Juárez. -sin variar el tono calmo de su voz, reconoce- .Tampoco concluí. Ya no pude cubrir gastos. Aquello de ser docto y comprensivo maestro no fructificó.

– Sostuve mis estudios. Entre los nueve y doce años estuve dedicado al diseño de calzado que terminaba con la fabricación. Era gremio exigente. Había que demostrar. Pero no me alcanzaba. No sabía pedir trabajo.

A lo largo de su trayectoria, David José atestiguó diferentes reconocimientos a comunicadores como al hidalguense Miguel Ángel Granados Chapa/ Foto: Cortesía familiar

Con los semanarios

– Inicié colaboraciones en arte y diseño para algunos semanarios, entre estos: El Popular, Avance Gráfico, Eco/Solución, Los 84, El Mexicano, Destino y, poquito después Expressión.

Empezó a laborar en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH). El rector era el ingeniero Carlos Herrera Ordóñez, a quien muchos, muchos sí recuerdan.

-Era un caballero -apunta David José. -Por alguna circunstancia establecimos afinidad. Fui ilustrador y diseñador de publicaciones de la UAEH, adscrito a Prensa y Difusión. Posteriormente, lo pedí al rector, me sumé a la División de investigación Científica y Tecnológica y que el ingeniero Ordóñez especialmente supervisaba. Me atraía. Quería aprender. Creo que lo logré.

-Me correspondía hacer ilustraciones para las disertaciones de los docentes.

– Me incorporé en 1977 a El Sol de Hidalgo, en calidad de coordinador de Arte y auxiliar de la Dirección-Gerencia. Las oficinas del diario estaban en la calle de Guerrero. Víctor Manuel Martínez, reportero entonces, me presentó con el director gerente, don Fausto Marín Tamayo.

Caballero que imponía. Era de Culiacán, Sinaloa. Experimentado, conocedor, culto, melómano especial. A veces de carácter “al rojo vivo”, charlista sin fin. Más que agradable. Gustaba del café, y sin azúcar. Contaba que lo habían designado por tres meses y se quedó por años. Aquí murió. Personaje. Bien dicen: inolvidable.

-Me comisionó para que inicialmente elaborara originales de publicidad. Todos a mano con letras Set-E. para los textos.

-Me tomó confianza y fui parte de sus colaboradores en un tabloide quincenal, también de la Organización Editorial Mexicana (OEM), se le llamó El Sol del Campo. Todo se producía en las oficinas en la colonia San Rafael, cerquita de Insurgentes y del impactante Monumento a la Revolución, en la Ciudad de México.

-En El Sol de Hidalgo permanecí algo así como 25 años, entre entradas y salidas, porque busqué otros horizontes. Inquieto, aunque en mi comportamiento no lo pareciera. Propio, respetuoso. Poco inclinado a las desveladas, que las hubo. Vaya que sí.

Y miró de hito en hito a su interlocutor; travieso.

En un intermedio de esa época, tomó parte en la creación de imagen y razón de ser del centro asistencial Casa de la Tercera Edad.

 Director deportivo

En 1985 dirigió la Revista El Deportivo. Recuerda el titular principal en el primer número: PACHUCA, CASI EN PRIMERA, y una sugestiva llamada: Rossell  -Guillermo, gobernador de Hidalgo- garantizó la permanencia de todos los jugadores titulares si el Pachuca llegaba a la Primera División.

Reconocimientos abundantes. Aunque abordar esto no es de su agrado. Calla, inclina ligeramente la cabeza. En 1989, le entregó testimonio a su trayectoria la Unión de Periodistas Democráticos (UPD), Delegación Hidalgo, que presidía Jesús Gaona López.

No extrañó que en 1992 se le otorgara el Premio Estatal de Periodismo por su trabajo en Caricatura.

Hay un episodio emotivo. Así, textualito.

Su calidad pictórica, se refleja en las viñetas de personajes de la historia hidalguense/ Foto: Cortesía familiar

El atentado a Colosio

“Era 1994, miércoles 23 de marzo, estaba en el estudio de casa. Terminaba un retrato a tinta del candidato a la presidencia, Luis Donaldo Colosio. Contra mi forma habitual de trabajar, encendí la radio, y justo en ese momento difundían la noticia del atentado al señor Colosio.

-Desconcertado, quedé con la vista fija en el retrato que aún permanecía adherido al restirador; sentí que la obra ya no tenía razón de ser. El anuncio fue corto, breve: “El candidato ha muerto”. Coloqué un recuadro a la imagen y una franja en señal de luto, además de un texto: UN ATENTADO QUE DAÑA A TODO MÉXICO.

-Desprendí el retrato, abordé mi auto y me dirigí al diario, subí a la dirección y dejé mi trabajo sobre el escritorio. Al día siguiente lo vi, publicado en primera plana. Tristemente, mi ilustración se había convertido en lamentable esquela.

David José no lo refirió, pero era apacible, nunca confrontativo. Algunas veces, al terminar su jornada, ya en el diario, ubicado en la calle Matamoros, salía discreto por una escalera que conducía al área de talleres. Caminaba silenciosamente y en pequeños trancos como si el piso estuviera minado.

No muy alto, moreno. Sonrisa amistosa. Sigiloso. En su vocabulario no se anidan malas palabras.

Mostró formas de un humorismo fino, sutil. Poco a poco fue entregando cartones que se publicaban en plana. Igualmente viñetas, en blanco y negro de personajes de esos días, que, más adelante, serían en vivos colores a color. Fieles imágenes.

-Un buen día -ni tan bueno, acentúa- el director me encomendó diseñar sociales, una página al día y cuatro el fin de semana. Poco o nada, la verdad, sabía de eso. La reportera era Aída Hidalgo y el fotógrafo don Jesús Bermúdez. A veces me confundía en seleccionar las notas. No era socialité.

-Había una compañera, Lourdes Zavala, activísima publicista, que al advertirme preocupado, me animaba. “Échele ganas, Davicito”, me decía. Gracias, Lulú, yo le correspondía. Inolvidable la dama de rubio cabello.

-Con ella, pequeño lapso, fuimos asesores en Canaco para asuntos publicitarios.

Lo vence la nostalgia en la alusión a quienes fueron sus compañeros. A algunos se permite agregar lo que llama “pequeño cumplido”.

-De entonces en El Sol, ¡Ufff! Recuerdo al señor Marín Tamayo. Si me convocaba a su oficina y no había sonrisa, mala señal. En algo yo había fallado.

Perfeccionó su trabajo

Pero de lo suyo, la pintura, el arte, el periodismo que lo atrapó, transitó etapas. En 1972 ingresó al Instituto Hidalguense de Bellas Artes. Cursó estudios de dibujo y pintura impartidos por el maestro Juan Manuel Castellanos Paulín.

También fue parte del taller libre de dibujo y pintura ubicado en instalaciones de la Casa de la Mujer Hidalguense (Plaza Juárez) auspiciado por el Instituto Mexicano para la Infancia y la Familia (hoy DIF).

-Las clases de artes plásticas eran coordinadas por el director de Teatro y escenógrafo Juan Manríquez e impartidas por maestros invitados del INBA.

No es dado a profundizar en logros personales; lo evita. Hay que insistirle. Y de algunos revela:

En 1973 representó a Hidalgo en el Concurso Nacional de Pintura que realizó el Instituto Nacional de la Juventud Mexicana (INJUVE. La sede fue Morelia, Michoacán.

Un año después, 1974, fue miembro fundador del Jardín del Arte. Expuso su obra durante más de cuatro años.

Incluye una felicitación del doctor Otoniel Miranda Andrade, recordado mandatario estatal, que duró en el encargo 29 días. Una parte del texto reza: “Al enterarme de su trayectoria y consciente de que una de las influencias determinantes en la formación de la juventud, la ejercen los valores que la sociedad reconoce, mismos que son precisos, fincar sólidamente en la conciencia de las jóvenes generaciones y sabedor que esas cualidades suyas contribuirán al progreso de esta Entidad Federativa”.

Algo importante, que él acepta como tal, asintiendo ligeramente, es el documento expedido en 1974 por el Gobierno de la República, que lo declara Valor Juvenil por su contribución creadora a la renovación social de México. Y lo firma Luis Echeverría Álvarez, entonces presidente de la República.

Otros méritos fueron el obtener el segundo lugar nacional en el Tercer Encuentro Cultural de los Centros Regionales de Educación Normal, llevado a cabo en Tuxtepec, Oaxaca.

Dos comunicadores de reconocida calidad en la historia del periodismo hidalguense: Anselmo Estrada Alburquerque y David José Espinosa/ Foto: Cortesía familiar

Cambio de aires

Se dio su tiempo para trabajar en gobierno estatal.

-Por entonces, el arquitecto Guillermo Rossell  era candidato a la gubernatura. Fui parte de su equipo de prensa. Inicialmente con Marco González Pineda y luego con Gabriel Perales y Salvador, quien no ocultó nunca su satisfacción de haber nacido en Tlanchinol. –Tlanchinieblas, refería.

-También en las administraciones de Adolfo Lugo, con Juan José García de Haro, y Jesús Murillo con Adalberto Peralta. Yo era tropa. Siempre con trabajo. Va cayendo el trapito.

-Con el licenciado Murillo Karam, por decisión del Comité Directivo Estatal del PRI  que presidió Leopoldo Rodríguez Murillo, se le designó coordinador de Difusión y Propaganda.

-Nunca me he separado de la investigación científica. Ha habido formas de conocer el dolor humano.

Proyecto ignorado

Hace aproximadamente dos décadas presentó un proyecto a la entidad federal. Incluía cinco grupos de apoyo social. Cada uno con sus metas. Así se abarcaban, entre otros incisos los que llamó Rediseños. Abarcaban principios, ley, respeto, garantías, tranquilidad, con el énfasis de Mejor Ser, Mejor Hacer, Mejor Tener hasta llegar a Calidad Total. Igualmente como: aprendizaje, orden corporal, salud, paz social, desarrollo, crecimiento.

-Era un universo global, -rememora David José-, pero nunca hubo respuesta, por eso hoy, con la sociedad civil pretendo poner en práctica un nuevo esquema.

-Un ejemplo son los alfabetos emocionales para quienes no saben leer ni escribir. Se sustentan en textos e imágenes con un modelo alemán. La fórmula es foto-lectura y aprendizaje acelerado. Es parte de un rediseño humano.

-Ya tenemos talleres para arrancar y digitalizar. Estimo que en tres meses se pueden reunir recursos.

No hubo oportunidad de saber de sus avances.

Un ejemplo es lo que ofrecería de sus obras artísticas originales, de su colección particular vendiéndolas. Los donativos serían aplicados al diseño y elaboración de material educativo (autodidáctico) para el mejoramiento físico, mental, emocional y económico de niñas, adolescentes y mujeres en riesgos de violencia.

Cree ferviente que…

-México, como nación, descenderá a un punto máximo por inercia natural y, a partir ese sitio iniciará el ascenso que le corresponde.

-Todavía no tocamos fondo.

-Lo que se perseguirá es un enlace entre mente y cuerpo para desarrollar una habilidad que nos lleve al bienestar y esto basado en un entrenamiento apoyado con material educativo que desarrolle habilidades.

-Son temas universales que funcionan en cualquier país sin interferencia del lenguaje.

-Los relevantes son inseguridad social, pública, familiar y escolar. Todos en tres fases: Sistema nacional para la erradicación de la violencia la delincuencia, y que se garanticen el total respeto a los derechos humanos.

-No menos vital, recuperación humana transitando de lo irracional a lo racional y, lo que corresponde a la educación nacional para el mejoramiento humano.

-Todo se concluye en desarrollar material práctico, un plan piloto para depurar, y distribución.

Aclara:

-No es anárquica lluvia de ideas sino un plan maestro con todas sus aristas, lo que me ha llevado a recordar, a pulsar mi conciencia ¿Qué hecho por los demás? Creo que esto será la mejor respuesta, respuesta que aún le debo a aquel hombre, en una semivacía Central de Autobuses, que me convocó a no olvidar a mis semejantes, porque muchos de ellos, en horas de infortunio no me han olvidado.

No lo hemos olvidado.