Disminuir la violencia escolar a través de disciplina y comunicación

In principio erat Verbum

“Dominar a otros es fuerza. Dominarte a ti mismo es el verdadero poder.”

 Lao Tzu

Durante muchos años la tolerancia cero se convirtió en el principal método para educar y la disciplina se llevó a extremos donde la violencia, el daño psicológico y las agresiones se transformaron en los principales regentes en las aulas de millones de niñas, niños y adolescentes, e incluso contrario a lo que podría pensarse esto no ayudó a reducir los caos del ahora denominado bullying, por contrario lo único que se logró fue invisibilizarlo.

Tal era la magnitud del problema que incluso el famoso pintor español Francisco de Goya realizó una crítica al sistema educativo de la época a través de su obra: La letra con sangre entra o Escena de Escuela, en la cual puede observarse a un docente azotando a un alumno; sin embargo, gracias a los nuevos modelos educativos la disciplina como sinónimo de violencia, rigidez o autoritarismo se fue removiendo de las aulas, por lo que ahora ha sido reencausada.

Hoy la disciplina debe convertirse en una pauta a normas o reglas de conducta, respeto mutuo y un sistema conveniente de valores que oriente a cada persona a desarrollar autocontrol y autodirección, es así como la Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal en su publicación: “La disciplina en el aula: Reflexiones en torno a los procesos de comunicación” menciona como un eje central para la formación en el aula la importancia de que los estudiantes participen en la formulación de las normas de convivencia, éstas deben ser pocas, sencillas y claras, de tal manera que todos los miembros del grupo las comprendan; deben revisarse periódicamente y deben ser congruentes con la situación, tanto si se trata de reconocer el cumplimiento de las mismas, como si se trata de aplicar una sanción por su trasgresión.

El sistema educativo debe orientarse hacia un esquema donde la creatividad, los valores y la comunicación sean las directrices del crecimiento humano; mancomunadas con normas que disminuyan los conflictos y potencien las interacciones en equipo.

Recordemos que los alumnos manifestarán en su vida escolar los elementos que imperan en su ambiente familiar y social; el aula es en muchos de los casos una representación de lo que sucede en su cotidianidad, ¿Cómo se debe reaccionar ante un alumno que desafía a los docentes, que inicia peleas, que molesta deliberadamente a otros, o que constantemente llega tarde a clases? ¿Expulsarlo, castigarlo o escucharlo activamente y orientarlo?

En caso de elegir expulsarlo, se elimina momentáneamente la tensión en el aula y al castigarlo sin generar en él la capacidad de análisis de la trasgresión que cometió sólo se crea un sentimiento de frustración, sin embargo, al tender lazos de comunicación asertiva el docente puede incluso entender las circunstancias que lo han llevado a comportarse de la forma que lo hizo.

Sin duda, se debe actuar ante cualquier caso de violencia escolar por mínima que pueda parecer; hay que hacerlo de tal forma que ni víctima ni victimario dejen de recibir educación en un ambiente seguro, ya que a la larga podrían convertirse en conductas delincuenciales que dañen a la sociedad.

No olvidemos que los niños y adolescentes se regirán durante las etapas escolares bajo procesos como la identificación, la imitación y la observación; con los cuales se aprenden las actitudes, los valores y el enfrentamiento de los problemas. No fomentemos estudiantes dóciles, sometidos, carentes de creatividad, o esclavos que sólo sigan órdenes; formemos alumnos empáticos, responsables, analíticos, comprometidos con su comunidad.

*Analista en temas de Seguridad, Justicia, Política y Educación.

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