El país huele a sangre

En contra del mar

Llevamos al menos dos semanas bombardeadxs de noticias sobre asesinatos, desapariciones, agresiones y feminicidios. Con ello no quiero decir que antes no sucedieran, ahí han estado pasando estos hechos atroces pero de repente, por circunstancias que a veces no me quedan claras aún, unos se visibilizan más que otros. 

Sayak Valencia hablaba de la necro política, es decir la política de muerte del estado, donde sistemáticamente se asigna que vidas son más valiosas y cuáles no. De nuevo, no es que conscientemente hagamos ese proceso de designación, es todo un aprendizaje sociopoliticocultural. Aun así a mí se me enchina el cuero y se me forma un hoyote en el estómago con cada noticia, lo peor de todo es que siento un miedo terrible que a la vez no es real. Ya he escrito en otras columnas de como los estados utilizan estas políticas de terror para hacernos pensar que todxs, de la misma forma, estamos expuestxs a vivir hechos horribles. Es adoctrinamiento y control social a través del miedo; porque la realidad es distinta.

Sí, todxs vivimos en este sistema de muerte.

No, no todxs viviremos en carne propia la fuerza de este sistema.

Otra reflexión.

¿Cuándo las personas que formamos parte de los movimientos (feministas, obreros, raciales, etc.) entenderemos que nuestras luchas van juntas?  Dos ejemplos:

  • El feminicidio de Nicol.
  • El asesinato extrajudicial de Victoria.

Ambas asesinadas por la brutalidad del estado pero en dos contextos distintos. A ninguna la asesinaron únicamente por ser mujeres.

Nicol fue asesinada por ser una niña, de clase media, morena. La asesinó alguien en quien ella confiaba. La asesinó este estado al que poco le importa esta cultura machista y misógina.

Nicol. Niña. Presunto asesino: un vecino, primer responsable. Segundo responsable: el estado.

Victoria fue asesinada por ser migrante, racializada, empobrecida y ser mujer. La asesinó la policía. El estado racista, clasista, xenofóbico y misógino.

Único responsable: el estado a través de sus servidores públicos.

No podemos seccionar los asesinatos de estas mujeres y decir familiares de Nicol ustedes caminan por la derecha, familiares de Victoria por la izquierda. No, sus asesinatos son consecuencia de este estado violento, corrupto e impune.

Y nosotras todavía nos estamos dando el lujo de discutir que si es feminicidio u homicidio. Lo que me lleva a la última reflexión: ¿es el derecho, principalmente el penal, el que debe nombrar las violencias que nos ocurren a todxs?

Creo firmemente que lo que no se nombra no existe, pero si se nombra dentro del derecho punitivo, el estado se cura en salud, se lava las manos y jura que ha hecho suficiente. Esto tiene como consecuencia que vivíamos en un ciclo interminable de actos atroces que no deberían repetirse nunca más pero ahora hasta normalizados los tenemos. Ya hay gente que hoy dice: ¿otra vez mataron a alguien? con la normalidad con la que una dice: ¿otra vez voy a desayunar lo mismo?

Tenemos que desprendernos del binarismo con el que pensamos, tenemos la obligación de arropar a las víctimas, debemos reflexionar y asumir donde nos encontramos en estas luchas. No es responsabilidad de ninguna víctima pedir las medidas de repetición. No, ellxs tienen todo el derecho de decidir qué hacer con su dolor. Nosotrxs como ciudadanxs les acompañamos y si ellxs no quieren continuar eso no significa que se terminó el problema. Diario se violenta a mujeres, niñxs, migrantes, personas racializadas, pobres, hombres, mujeres, personas trans no binarias. Con el aumento del militarismo, lo veremos más en las noticias. Por ejemplo: leí una nota del asesinato de un migrante guatemalteco por equivocación por parte de la guardia nacional. Creo que este vacío en el estómago es más de coraje e impotencia que de miedo.

Desde nuestra trinchera tenemos la obligación de exigir a las autoridades que el país deje de oler a sangre.

Yolanda Moire

Ninde MolRe es lesbiana, abortera, feminista, acompañante, abogada y activista hidalguense.