¿Es la sororidad una apuesta política feminista?

En contra del mar

Sóror. Raíz latina que significa hermana.

Sororidad.

El origen de la palabra sororidad puede contarse desde dos puntos. En 1925, escritor Unamuno publico la novela titulada La tía Tula, en la que mencionaba que le parecía extraño que en el lenguaje existiera la palabra fraternal y fraternidad para hablar de la hermandad entre los hombres, pero no sororal o sororidad para hablar de la hermandad entre mujeres.

Pero su origen en el movimiento feminista data de los años 70’s cuando Kate Millet utilizó la palabra sisterhood para hablar de las relaciones de amistad entre mujeres y se empezaron a nombrar como sesteros a la versión femenina de las fraternidades en las universidades.

Es la antropóloga Marcela Lagarde quien se apropia del concepto en español y lo traduce como sororidad a la cual define como un pacto político de genero ente mujeres, que es recíproco, que implica compartir saberes, recursos, éxitos para dar a conocer las aportaciones de otras mujeres. En ese sentido implica revisar la misoginia internalizada que nos ha impedido generar relaciones sin competencia entre nosotras, ya que por nuestra socialización hemos aprendido a ver en las otras una enemiga, lo cual es otra forma de violencia. En algunas conferencias ha explicado que la sororidad es una forma de complicidad política entre mujeres.

Sin embargo, en la realidad, hemos visto múltiples veces que la sororidad se ha utilizado como una forma de encubrir comportamientos violentos, misóginos, racistas, clasistas, homolesbitransfobicos entre otros realizados por otras mujeres. Cualquier clase de crítica constructiva se lee como un ataque a la sororidad, pues al parecer no es sororo cuestionar a las compañeras, disentir de sus pensamientos. También se ha interpretado que sororidad es un sinónimo de amistad y que por tanto solo podemos construir espacios y acompañar luchas desde el cariño.

Últimamente he reflexionado si la sororidad es el concepto que necesitábamos como una antítesis, de nuevo, dicotómica y binaria de la fraternidad. La fraternidad entre los hombres es la base del pacto patriarcal, uno invisible que han aprendido cultural, política y socialmente, con un lenguaje propio mediante el cual hay una complicidad, apoyo, solidaridad que hace que se protejan entre ellos. A través de la fraternidad se han cometido actos de discriminación, violencia, opresión, dominación e invisibilización en contra de las mujeres y lxs otrxs. 

Personalmente, no me decido entre si reivindicar el termino o emplear otros como amistad política. Me incomoda que, aunque en su definición politica si rompe con la estructura del sistema heterocispatriarcal, en la realidad se esta convirtiendo en una forma de silenciar el debate, la crítica, las formas de construir espacios y acompañar nuestras luchas.

Algunas mujeres dicen que para nosotras es desconocida la hermandad entre nosotras, porque el sistema siempre nos ha confrontado. Pero difiero, las que en su mayoría han vivido en este distanciamiento son las mujeres blancas, burguesas. Las mujeres racializadas, las indígenas, las disidentes del sistema sexo/género, las obreras, las oprimidas históricamente nos hemos aliado, hemos construido un lenguaje para protegernos entre nosotras y aunque no estamos exentas de replicar estereotipos, si conocemos lo que es formar una comunidad.

No sé si aun la apuesta política que necesitamos en la sororidad. No se si tenemos que reivindicarla, pero si tengo claro que tenemos que reflexionar y cuestionarnos si lo que hacemos esta subvirtiendo el sistema o solo es una nueva forma de perpetuarlo.

Sugerimos: El dedo en la necedad

Yolanda Moire

Ninde MolRe es lesbiana, abortera, feminista, acompañante, abogada y activista hidalguense.