Opinión

HÉROE DE PUEBLO

darDOS con garlito...

Garlito

“Oh y ahora… ¿Quién podrá ayudarnos?” Se escucha la súplica en el bullicio de la calle llena, apagada por cláxones y bocinas ofreciendo mercadería para la noche vieja del año; aquí nada pasa o al menos tratamos de ignorar lo que pasa, la aparición del Chapulín Colorado, -entre holograma y fantasma-, fue convocado por El Hijo del Quiote, héroe de pueblo, artífice del pancracio, quien impotente, solicita al superhéroe mexicano, transformar nuestra realidad.

Nobleza

Este pasaje inventado entre el Chapulín Colorado y el Hijo del Quiote, no sucede en ningún capítulo de la narración del mismo nombre, del escritor hidalguense Marco Antonio Hernández Hernández, el Hijo del Quiote, es una narración donde aparece este personaje, oriundo del Valle del Mezquital, quien toda la semana da clases de primaria en un paupérrimo poblado. Los fines de semana, se convierte en el héroe del encordado y fiel a sus raíz hñahñu, escoge elementos de su entorno para crear su personaje y qué más que el maguey y su símbolo viril, el quiote, tallo de la flor de esa ancestral planta, por medio de su ejemplo, trata de fomentar en sus alumnos que nada es imposible de obtener en tanto, haya disciplina y un sueño por alcanzar; ante el nefasto panorama de pobreza, ignorancia y migración; los niños de esa región no tienen mucho que soñar, salvo irse al otro lado; el Hijo del Quite, con su entereza y profundo amor a la lucha libre y a los niños de su estado, les impulsa a alcanzar su sueño, aunque este sea ficticio y efímero, unas patadas voladoras, la hurracarrana y su preferida de sus héroe personal, El Santo: la quebradora. En esta arbitraria alegoría, el Chapulín Colorado y el Hijo del Quiote, conmovidos hasta las lágrimas, unen sus fuerzas para vencer la poca empatía y solidaridad entre los mexicanos, se enfrentarán a su más grande enemigo: la ignorancia.

Astucia

Marco Antonio Hernández Hernández, hidalguense, profesor comprometido, activista cultural, por sus propias palabras; un narrador que no pretende más que el gozo de la creación y perpetuar enseñanzas y secretos de los abuelos de manos ásperas y almas sabias, ahí en el barrio, en la comunidad indígena olvidada, entre pulque y muy poca agua, entre la transculturización y a veces doblegado el espíritu hñahñu por el anodino sueño americano fomentado por autoridades y líderes arribistas; este escritor logra darnos una versión sino diferente al menos renovadora, de la grandeza del mundo indígena y su cosmovisión. Dirigido a las nuevas generaciones, busca que los niños y jóvenes, vuelvan a creer en sus padres y abuelos, en el respeto a los viejos del pueblo y de una vez, acabar con la ignorancia y abusos.

El Hijo del Quiote y el Chapulín Colorado, en mi alegoría ficticia, vencen los límites que nosotros nos imponemos, nuestros héroes de barrio lucharán contra la desintegración de un pueblo, por ignorancia.

#Quédate en casa.

Rolando García

Pachuqueño, periodista guionista, registrando la historia cotidiana de todos los días