La economía y el amor

No hay cosas gratis

14 de febrero, Día del Amor. Dicen que también es el día de la amistad pero vamos, en realidad es el día del amor romántico. Siempre he pensado que probablemente le agregaron eso de “y la amistad” para no hacernos sentir tan mal por estar este día solteros y así tenernos ocupados fingiendo que nos causa más alegría estar con los amigos que vemos todos los viernes en lugar de estar con la persona que nos gusta.

Las personas que usan el pensamiento económico son seres extraños que gustan de sentirse bien por tener la habilidad de pensar de forma racional y tratar de explicar una gran cantidad de aspectos de la vida usando la teoría económica, unas veces con más fortuna que otras, hay que decirlo. Esto lo hacen tanto hombres como mujeres por igual sin que, hasta ahora, yo haya conocido una explicación de por qué esto es así, parece que todo inicia desde que escuchan el primer “depende” o el primer “suponga” pero no lo sé.

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La cosa es que cada vez que tomo una mala decisión en el amor me entra una tremenda necesidad por saber ahora qué hice mal y ver si le puedo echar la culpa a algo o a alguien, como esto sucede seguido en varias ocasiones la economía aparece, si no para dar respuestas, sí para tenerme entretenido en lo que pasa el mal rato.

¿Alguna vez les han lanzado la frase “no eres tú, soy yo”? Es una frase aterradora porque, como también has estado del otro lado, sabes que sí es la otra persona y estás consciente de que es el eufemismo de “no me gustas lo suficiente”. La última vez que me pasó, una amiga me dijo que lo que tal vez sucedía era que quizás me portaba muy lindo desde el principio. Me parecía lógico lo que me decía porque cuando alguien me gusta, me dejo llevar por mis emociones y entonces enseño todas mis cartas desde el inicio y ya no hay misterio. Esto tiene un riesgo porque mi precio se conoce antes de conocer el producto y la otra persona puede llegar a pensar que en realidad no es el producto que busca.  

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Las cosas que cuestan trabajo se aprecian más, dicen. Los bienes, en términos prácticos son o bienes normales o bienes de lujo. Cuando consumimos bienes normales (como la carne o el teléfono) nos fijamos mucho en su precio, buscamos que estos bienes sean lo más baratos posibles. En cambio, cuando consumimos bienes de lujo buscamos que sean exclusivos, cualquier reloj da la hora igual pero no cualquiera puede traer un Rolex. Así que al no revelar toda la información sobre el futuro, en otras palabras, al no ser tan lindo al principio, lo que estás haciendo es elevar tu precio y mandar el mensaje de que eres un bien que no se consigue fácil, buscamos que la persona que nos gusta sienta que se está llevando un Rolex y no un Casio.

Pero no ser lindo cuando apenas estás conociendo a alguien tampoco parece ser una buena estrategia. Una vez traté de no serlo y lo único que conseguí fue que la persona que me gustaba se fuera con otro. Como al inicio no eres un producto diferenciado sino un producto más en el mercado y hay competencia, el elevar tu precio te hace menos atractivo ya que la persona puede conseguir un producto similar por un mejor precio. Si otros pretendientes son bienes sustitutos perfectos pero están siendo más lindos con esa persona, le están ofreciendo una mejor opción que tú. Entonces, se trata de volverse un producto diferenciado, que esa persona vea en ti eso que le gusta y que los otros no tienen pero, a lo mejor, lo que le gusta que haga la diferencia es que seas lindo.

Usar el pensamiento económico para explicar mi vida amorosa me ha dejado más preguntas que respuestas, no es queja pero parece que distrae del objetivo.

Esta columna va dedicada a mi primo Marco, te voy a extrañar.

César O. González

Apasionado de la economía y la toma de decisiones. Siempre a favor de la libertad y la responsabilidad individual. Aquí se cree en la evidencia, no importa que tan difícil de creer sea algo, lo creeré si hay evidencia que lo soporte