Mujeres de dictadores, siempre fieles a su lado

Historias que contar

La primera edición es de hace algo más de ocho años, pero los personajes que alude la escritora francesa Diane Ducret, son vigentes.

A quienes ella califica de dictadores aparecen con entornos de damas de diversas cualidades.

El título lo compendia: Las mujeres de los dictadores, y la autora hace “gala de un estilo periodístico riguroso y objetivo”.

Incluye tres ejemplos: Benito Mussolini, Vladimir IIich Ulianov –Lenin- y José Stalin.

Mussolini, hombre que lideró a Italia. Se rumoraba que estaba enfermo, pero era acosado por admiradoras.

Nació el 29 de julio de 1883 en Dovia di Predappio. El llamado Duce decidió exiliarse en Suiza.

Su vida sentimental fue intensa, pero quizá fue Clara Petacci, quien vio la primera luz el 28 de febrero de 1912, la dama de su destino.

El 6 de mayo de 1936, Benito no solo conquisto Etiopía, también hizo de Clara su amante.

Pierde presencia. Va en declive. Llegan al pueblo de Dongo. Se reúnen para su última escena: la muerte.

 “Son conducidos al campo. Clara llora sin parar. Benito, apático. Justo antes de que suenen los disparos ella le dice al oído “¿Estás contento de que te haya seguido hasta el final?” Él no contesta. Bang, bang.

Lenin apoyado por su madre

San Petersburgo, 1894. Vladimir IIich Ulianov, 24 años, abogado de escasos recursos: “He superado mi presupuesto y no espero poder salir de apuros por mis propios medios”.

Su madre, (Maria Alexandrovna Ulianovna)  lo ayudaba.

En mayo de 1887 conoce a la mujer que estaría con él, Nadejda Krupskaia, Nadia. Se casarían. Ella le acompaño en un destierro a Siberia, a orillas de un río inmenso, desértico, el Lena.

Lenin coloca a sus hombres en el gobierno surgido de la revolución de octubre.

Disminuido, los sucesores merodean. Trotski y Zinoviev aspiran a dirigir al partido. Stalin.

Octubre de 1922, Lenin retoma liderazgo. Dicta su carta al congreso. “El Comité Central con miembros como Stalin y Trotski es una amenaza para la estabilidad (…).El camarada Stalin, secretario general concentra un poder inmenso”.

Tras la muerte de Lenin en enero de 1924, Nadia desarrolla una relación de trabajo con Stalin.

Ducret detalla:

“Febrero de 1939, Nadia invita a sus amigos a una fiesta por su cumpleaños setenta. Stalin le envía un pastel. Más tarde ella siente fuertes dolores en el vientre. Transportada al hospital muere por la mañana. La incineran, Stalin porta la urna que contiene sus cenizas”.

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Stalin, el intenso

Cruda semblanza de Ducret.

“El 13 de junio de 1907,  Ekaterina, también llamada “Kato”, mece a su bebé en el balcón. Asaltan a un banco. Kato sabe que está casada con el padrino de los atracos. Es lósif Visariónovich Dzhugashvili: Stalin”.

El 15 de julio de 1906 Sosso –Stalin- y Kato declaran sus sentimientos. Se casan en la iglesia de Santa Nina.

Dura poco el matrimonio. El 22 de noviembre de 1907 ella fallece por tifus. Otro amor fue Nadia Aliluyev. La conoció de 16 años. Se casaron. Su primer hijo,  Vassili, nace en 1921, cinco meses después de la boda.

Nadia se distingue sin miedo de denunciarle casos de injusticia; lo enfrenta.

Mantienen relaciones efímeras. Los esposos se distancian y en noviembre de 1932 Nadia se suicida.

Aún tuvo un amorío con Genia, esposa de Pavel Aliluyev, hermano de la difunta Nadia.

Valentina Istomina era su ama de llaves. Él no viaja solo, siempre le acompaña ella.

Es apreciada. Quizá fue al fin la mujer ideal para Stalin. Ella vivió con el hombre más poderoso de la Rusia moderna durante casi dos décadas.

De Santillana Ediciones Generales, S.A. de C.V., la primera edición es de 2012.

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