Opinión

Parejas que no se olvidan

Historias que contar

Se precisa en el libro de Guadalupe Loaeza: “Más que una crónica puntual sobre parejas cuya leyenda aún permanece en la memoria de muchos, esta obra es una entretenida travesía al centro de las pasiones, las devociones, las amistades, los apegos, los afectos, siguiendo las tramas que nos llevan a descubrir atracciones y adhesiones primerizas, juveniles y tardías, dentro de una gran profusión de ambientes y escenarios diversos”.

Se concluye que es un reto narrativo para la muy conocida y respetada escritora que logra resolver con su personalísimo trazo, y en donde no solo aparecen los pormenores de sus ambientes ya conocidos, sino revelaciones insospechadas a través de una animada romería, con un cálido tono confidencial y el fresco encanto de la travesura intencionada.

De título brevísimo, “Parejas”: y aunque no es de publicación reciente, no por eso deja de cautivar.

La obra se divide en seis capítulos, casi todos anudados por los tiempos que vivieron los personajes de cada uno de los relatos.

Se incluyen por el espacio cuatro sensibles temas.

En México y sus amores se distinguen dos, el primero Margarita y Benito Juárez.

Ralph Roeder en Juárez y su México reúne a don Benito y a Margarita; los funde en esencia y pensamiento, y en síntesis, afirma: “No había reverso de la medalla: la figura era idéntica por altos lados, en alto y bajorrelieve, Juárez y Margarita formaron una pareja ejemplar”

También cita que compartieron 28 años de matrimonio, primero, periodos de tranquilidad, pero después, persecución, huidas, angustias, temores y travesías.

En su idilio, la insistencia de él, el amor que le profesaba y su carisma acabaron convenciendo a la joven de 17 años, “atraída por un varón diferente, serio, austero, de personalidad vigorosa, de fría apariencia, pero subyugante por la claridad de su talento”.

Cuando se supo la noticia de su matrimonio, la reacción de las altas esferas sociales no se hizo esperar. “¡Se casaba la hija de los Maza con un sirviente! ¡Con un indio!”.

 No obstante, permanecieron unidos hasta que ella murió, antes de cumplir 45 años, el 2 de enero de 1871. Un año más tarde, un mal de corazón reunió a Juárez con su amada, amadísima esposa.

También en México y sus amores, Carlota y Maximiliano.

Refiere Loaeza que María Carlota Amelia Victoria Clementina a los 16 años ya era una gran dama que deslumbraba por su belleza y personalidad.

A fines de mayo de 1856 se presentó un candidato de 24 años, supuesto pretendiente a conquistar su corazón, Fernando Maximiliano de Habsburgo, archiduque de Austria.

Carlota se enamoró a primera vista. “Llegaste tú y conmigo llegaron la juventud y la alegría y supe que mi vida tenía una luz distinta porque la iluminabas tú con tu humor y tus sonrisas”.

Finalmente se casaron y se dirigieron a Viena para que ella conociera a su nueva familia. Después Carlota que se sentía muy sola porque Max nunca le pedía que lo acompañara; además no se había embarazado.

En octubre de 1861, la pareja recibió una gran oferta: ¿Aceptarían ocupar el trono de un imperio en un país llamado México?

Lo que enfrenaron en su aventura en ese país desconocido fue terrible y culminó con el fusilamiento del emperador.

Pero ahora –apunta Guadalupe Loaeza-, lo que más se insiste en decir es que Maximiliano estaba más enamorado de la fortuna de su mujer. Carlota murió enloquecida, pero sobre todo convencida de que su marido sí la había amado, como ella lo amó.

En Creadores: Pasiones, apegos, afectos y devociones, el escogido fue Guadalupe y Francisco González Bocanegra.

En el último periodo de gobierno de su Alteza Serenísima, general presidente Antonio López de Santa Anna, el Ministerio de Fomento publicó una convocatoria, el 12 de noviembre de 1853, para la creación de un Himno Nacional. Señalaba plazo perentorio de 20 días para presentar el trabajo.

En cuanto Guadalupe González del Pino Villalpando leyó el aviso, pensó que nadie más que su novio, Francisco era el indicado para participar.

“Después de los mil y un versos que me has escrito, concluyó que eres un poeta consumado. Estoy segura de que vas a ganar tú, mi poeta preferido, tú, mi poeta adorado y mi prometido espiritual”.

Francisco González Bocanegra nació en San Luis Potosí en 1824. Más adelante conoció a la hija de su tía, una bella joven de 15 años Guadalupe, a la que llamaban Pilli.

Ella le propuso al tiempo que lo conducía a un cuarto aislado, con todo lo necesario para escribir. Francisco aceptó. Y puso manos a la obra. “Un himno a la Patria”, se dijo. Después de cuatro horas de trabajo, deslizó debajo de la puerta cerrada, su obra. El fallo del jurado fue a su favor.

Con el éxito vino el bienestar económico y finalmente contrajo matrimonio con Guadalupe el 8 de junio de 1854. Falleció, tras una epidemia de tifo el 11 de abril de 1861.

Jaime Nunó Roca (8 de septiembre de 1824 – 18 de julio de 1908) compositor español de Cataluña, compuso la música para el himno nacional mexicano.

Finalmente, en Amores sesgados, Luis Donaldo y Diana Laura.

La escritora menciona:

“Cuando conocí a Diana Laura Riojas su esposo, Luis Donaldo Colosio, presidía el PRI. Posteriormente fue precandidato oficial a la Presidencia de la República. Por primera vez en mi vida me dio gusto el dedazo”.

“Ella me llegó a contar: ¿Sabes que de verdad me hizo bum, bum el corazón cuando Luis Donaldo me invitó a salir y así charlábamos?”.

Pero ocurrió el asesinato del candidato en Lomas Taurinas, en Tijuana

Y todo cambió.

“Dana Laura me dijo: “Yo ya no creo en nada ni en nadie”. Fue terrible.

Se casaron en1982. Del matrimonio nacieron dos hijos, Luis Donaldo (1985) y Mariana (1993).

Diana Laura falleció de cáncer el 18 de noviembre de 1994.

De Editorial Océano de México, la primera edición en 2007.