¿Por qué nos cuesta reconocer que discriminamos?

En contra del mar

A veces creo que esta columna la escribe un lorita que esta una y otra vez repitiendo lo mismo. Puede ser, a lo mejor esto de la repetición me viene bien porque así aprendí a leer y escribir. Esta semana recibí dos chanclazos bien dados a dos comentarios que realicé y que sin ser consciente resultaban discriminatorios hacia personas de la diversidad funcional y el otro por mi privilegio blanco.

Le llamo chanclazos a cuando alguien me señala que mi comportamiento, pensar, dicho lo que sea que estoy haciendo replica formas de discriminación.

Mi reacción casi siempre es la misma: siento mucha vergüenza de que alguien noté que la feminista, la derechohumanera, la que habla de identidades está siendo machista, racista, capacitista, burguesa, etc. Pero ya tengo al menos un año que esa vergüenza la transformo en la siguiente frase: tienes razón, lo siento. Llegar a este punto requirió de muchos chanclazos y chingadazos pero principalmente de mirarme al espejo y decir: mi persona no es únicamente una persona oprimida, también es una persona opresora. Así es, esto no son las olimpiadas de las presiones ni hay un único sector más oprimido que el otro y si estoy escribiendo esto ahora es porque la vida que tengo colisionada por mis identidades me llevó a este punto. A veces soy discriminada, a veces no y otras puede ser la que este provocando esta discriminación.

El siguiente paso después de validar y disculparme es entender por qué lo hice, porqué es discriminatorio. Si hay confianza, le pregunto a la persona si puede explicarme, entendiendo que no es su deber enseñarme, pero casi todo el tiempo trato de reflexionar el hecho y ponerme a investigar, así como tratar de ser lo más consciente para no volver a repetirlo. No me da pena reconocerlo lo que si haría que se me cayera la cara de vergüenza sería repetirlo.

Pero también asumí que por esta identidad compleja  puedo y debo decirles a las personas de mí alrededor cuando también lo estén haciendo y de esas experiencias también viví dos esta semana.

Una de ellas me hizo llorar, llorar de rabia porque había explicado para una plataforma que es al lesbofobia y veladamente, fui víctima de lesbofobia y clasismo. No fue consciente, no fue intencional pero ¡ah, como me dolió! más cuando lo enuncie y me fue invalidado. La segunda experiencia, también fue señalar la lesbofobia de un enunciado del cual después la misma persona intento explicarme que no lo era. Esas personas me hacen enojar muchísimo, porque además ya tengo un historial con ellx de eso.

Al final del día pienso en lo que mi abuelo paterno me decía siempre: “la gente tiene el cuero muy delgado” y si, no aguantan (mos) nada. Cometer actos de discriminación da mucha vergüenza, nos puede dar coraje o miedo, más cuando somos descubiertxs y señaladxs pero no se compara en absoluto a lo que vivimos las otras personas todos los días en este sistema de opresiones.

Ojalá tengamos un día la humildad para reconocer que sí, podemos ser lxs agresorxs, discriminadorxs y violentadorxs de los demás.

Cambiar la cultura, también requiere de que dejemos de ser cómplices de la discriminación y de un montón de ovarios para pedir disculpas y reflexionar.

Yolanda Moire

Ninde MolRe es lesbiana, abortera, feminista, acompañante, abogada y activista hidalguense.