Ricardo “Pajarito” Moreno, un ídolo de puños de acero

Sábados de recuerdos

Entre las décadas de los años cincuenta y casi finales de los sesenta, Ricardo “Pajarito” Moreno Escamilla, boxeador mexicano nacido el 7 de febrero de 1937 en Chalchihuites, Zacatecas,

se encaramó al pináculo de la fama, con fulgores de ídolo, bajo el sustento de puños poderosos y el desenfado de un joven triunfador.

Incluso, llegó a incursionar en el cine, con dos filmes y una canción tema, que sus seguidores tarareaban.

En los sets, en 1976 filmó la cinta Policías y ladrones y alternó con Adalberto Martínez “Resortes”. Un año después, otro filme, La sombra del otro, con Viruta y Capulina, las hermanas Lorena y Tere Velázquez, Y a alguien a quien nunca olvidó: Ana Bertha Lepe, entonces aspirante a Miss Universo y a quien por razón de argumento llegó a besar.

Muy joven incursionó en el oficio de barretero, y se llegó a decir que su fuerte pegada se incubaba en ese trabajo nada placentero y sí muy varonil.

Nocaut era su rúbrica

Según estadísticas, como peleador, de 73 combates ganó 60 y de estos 59 por la vía rápida y otra más por descalificación; ya en su ocaso se acumularon las derrotas, 12 en total.

Moreno Escamilla, de acuerdo con un artículo de Jaime Bali West, y de otros datos confiables, buscó fortuna en la Ciudad de México y encontró ocupación como asistente de estacionamiento.

Después, no queda claro en sus antecedentes, el 16 de junio de 1954 se convirtió en pugilista profesional a los 17 años. Nunca participó, como lo hicieron, y hacen otros, bajo la necesaria escuela de los amateurs.

De sus primeras 20 peleas, en 19 conquistó la victoria por KO.

Esto le permitió que fuera parte, en la revista Ring, de los 100 mejores golpeadores. Lo situaron en el puesto 76.

Englobado como peso súper pluma, no era muy alto, un metro 70 centímetros. Físicamente bien constituido, perseverante en las necesarias jornadas de ejercitarse.

El 28 de abril de 1956 estelarizó la primera función de boxeo en la majestuosa Arena México. Su rival fue el cubano Óscar Suárez, a quien demolió en dos rounds para vencerlo en un nocaut que casi llevó al delirio a los espectadores.

Con el mote de “Pajarito”, pronto encontró la ruta de generosas compensaciones económicas. Era un imán para los promotores.

Aparte de su predominio en los cuadriláteros, era un joven que conquistaba simpatías, sonrisa plena, cabello largo, abundante, rematado, en lo que se llamaba –y todavía hoy- bien cimentado copete. En las entrevistas se desenvolvía sin inhibiciones. Vivía su presente exitoso y nunca se preparó para las incertidumbres del futuro.

Todo se recargaba en su punch. Nunca sus entrenadores se preocuparon por enseñarle técnicas, aunque fuesen elementales al subir al ring. A todos enconaba en la apoteosis de su fama.

Era estar en el cuadrilátero y tras el campanazo de inicio buscar, inmisericorde, destruir a su oponente. Tenía las armas que su pródiga naturaleza le había dotado: poder en sus puños.

Se recuerda peculiar incidente al presentarse en Oakland, California, ya en 1964. Noqueó inicialmente al referí Vern Bybee y un instante después, sin otorgar tregua, a quien era su oponente, Fernando Sota.

En el trabajo de Jaime Bali, refiere que muchos de sus retadores abandonaron el proyecto de enfrentarlo al presenciar en el gimnasio el momento en que el “Pajarito” “ponchaba literalmente la pera para dar por terminada la sesión de entrenamiento.

Rodolfo Rosales S., sumó otra perspectiva del singular pugilista.

Apunta que Moreno afianzó una amistad con Germán Valdés (Tin Tán) quien le enseño los secretos del correcto buen vestir.

Atrapado por adulaciones, se contaba que paulatinamente fue absorbido por el alcoholismo y a la par de dilapidar los que ya eran cuantiosos ingresos.

Adquirió un Cadillac con tapones de oro, una residencia en el Pedregal de San Ángel, una lancha y un restaurante en Acapulco en donde para asombrar a los comensales encendía sus cigarros con billetes de 100 pesos.

La meta en su carrera fue la de togarse como campeón mundial de peso pluma. Disputó el título a Hogan Kid Bassey, en noche de mala fortuna el primero de abril de 1958 en el Wrigley Field de Los Ángeles, California. Fue fulminado en el tercer asalto.

Hay versiones de que durante un año y dos meses estuvo internado en un hospital psiquiátrico campestre, rumbo a Puebla.

Al abandonar este centro se le vio por rumbos del Salto del Agua, donde estaba el gimnasio Jordán, donde sobrevivió con apoyos de quienes antes fueran sus incondicionales seguidores.

Regresó a Zacatecas, y de ahí a Durango, en donde falleció el 24 de junio de 2008.

Quizá, la lejanía con su familia le impidió haberse conducido con más seguridad y otro hubiera sido al final un mejor, casi feliz destino.