Un pito es un voto

Exactamente dentro de ciento diecinueve días México debe tener certeza respecto al rumbo que tomará el país por los siguientes tres años: dar continuidad al proyecto legislativo de la Cuatro T o por esa misma vía se logra un contrapeso más efectivo a las políticas dictadas desde el poder Ejecutivo. Las elecciones intermedias del 6 de junio serán vitales para ambos proyectos de nación. 

Desde ahora los partidos políticos buscan a sus mejores cuadros aunque algunos de ellos no presenten su mejor cara. Ejemplos sobran, cosa de voltear al estado de Guerrero, en donde pese a las acusaciones de violencia sexual que hay contra Félix Salgado Macedonio, Morena le dio su respaldo para continuar con la candidatura al gobierno estatal.

El llamado chapulineo se cocina a todo vapor en el país. Políticos que sin el menor pudor cambian de camiseta de un día para otro; partidos que ideológicamente se contraponen, una mañana amanecen fusionados; institutos partidistas que en la pasada elección compitieron en una alianza, contenderán en la próxima aliados a los que antes combatieron.

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En las elecciones venideras los ciudadanos tendrán que definir el rumbo que quieren para el país, pero en muchos casos en sus boletas electorales lo que verán será el nombre de candidatos que lo remitirán a otros aspectos de su vida que nada tienen que ver con un proyecto político: cantantes, futbolistas, actores, actrices y luchadores enmascarados, entre otros.

Evidentemente que estos personajes tienen el mismo derecho que cualquier otro ciudadano mexicano a buscar un puesto de elección popular, eso no está en entredicho. Lo cuestionable es si cada uno de ellos está realmente preparado para el cargo que busca ocupar, si tienen claro el proyecto político que representan, si conocen la plataforma política del partido que los respalda, pero particularmente si es una decisión y voluntad de servicio la que los lleva a postularse o si es un buen negocio para ellos y para el partido que los abanderará.

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Frente a este panorama a nadie debe extrañar que el ciudadano común y corriente esté cada vez menos interesado en informarse respecto a quién o quiénes lo buscarán representar en la Cámara de Diputados, en su Congreso local, en el Gobierno de su estado o en su alcaldía.

Para muchos la política se convirtió desde hace tiempo en un verdadero circo en donde los únicos que ganan son los trapecistas, magos o payasos, es decir, los integrantes del circo, mientras que los espectadores no saben si llorar o reír frente a tan deplorable espectáculo.

Quizá por ello no extrañe que un “candidato” que desde hace tiempo ha conseguido más y más adeptos a través de las redes sociales sea el #Sena-thor, personaje que encarna el actor Marco Polo, el cual parodia, por su parecido físico, al ahora candidato de MC al gobierno estatal, Samuel García. Este personaje de ficción, luego de hacer una ridícula propuesta de gobierno, pide que cuando el ciudadano lo vea en la calle, desde su auto lance un bocinazo en señal de apoyo a su candidatura: un pito es un voto, es su “lema de campaña”.  Y los ciudadanos de verdad, le hacen caso.